Gianella Carrara tiene 25 años y cumplió el sueño que guardaba desde los 10: recorrer el mundo. Instalada en el Ártico, nos cuenta cómo es vivir donde el sol se esconde por meses y qué es lo que más extraña de su ciudad natal.
Para muchos, Totoras es un lugar para vivir toda la vida, pero para Gianella Carrara, siempre fue el punto de partida. A los 10 años ya sabía que su destino estaba en movimiento y hoy, 15 años después, ese deseo la llevó a uno de los puntos más remotos del planeta: el Ártico noruego.
«Siempre hubo algo dentro mío que quería moverse por el mundo», confiesa Giane. Tras dos años de haber dejado la ciudad, asegura que ya no es la misma que se fue; el viaje la transformó, dándole una nueva mentalidad, aunque hay recuerdos que el frío del norte no logra borrar.
El contraste
Al comparar su realidad actual con Santa Fe, Gianella destaca la estabilidad económica y la seguridad como los pilares de su vida en Noruega. Sin embargo, el corazón sigue conectado a las diagonales de su ciudad: «Lo que más extraño es el boulevard, ese verde, el ruido de la siesta y los olores de comida por la calle a la hora del mediodía», relata.
Su rutina hoy se divide entre su trabajo como barista y en la cocina, paseos con su perra, meriendas con amigas y tiempo de calidad en los bosques noruegos junto a su pareja.
Sobrevivir a la oscuridad
Uno de los mayores retos para cualquier santafesino en esas latitudes es la noche polar. Gianella admite que le tenía miedo a esos dos meses donde el sol directamente no asoma por el horizonte.
Además, destaca una lección cultural que aprendió de los noruegos: el trabajo siempre está por debajo de la vida personal. Para ellos, la salud y el bienestar son la prioridad absoluta, una filosofía que la estabilidad del país permite llevar a la práctica.
Un mensaje para los que sueñan con partir
Para Gianella, estar lejos hace que sea imposible tener un día igual al otro, y en esa aventura encuentra su plenitud. Al cerrar la charla, deja un consejo para aquellos totorenses que tienen el mismo «bichito» del viaje pero no se animan:
«Que se arriesguen. La vida es muy cortita para quedarse en un solo lugar. Y siempre sepan que si quieren volver, siempre van a tener donde».
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