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De Totoras al mundo: Mauricio Milano y el enorme desafío logístico a días del Mundial 2026

Nota de Mauricio Franco Milano, un totorense en México.

«A solo 8 días de vivir el Mundial… ¡en casa!
​Así se prepara la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México… Mi casa.
​Hace seis meses, entre proyectos de torres de departamentos, remodelaciones y el tiempo que siempre vuela, surgió una propuesta extra, vinculada al próximo Mundial de Fútbol que se realizará por primera vez en tres países simultáneamente: Canadá, Estados Unidos y México.
​El reto: construir 500 canchas de césped sintético en diferentes escuelas del estado de Nuevo León. ¿Cómo decir que no? Cuando crecimos en el barrio, construíamos nuestras propias canchitas en cualquier descampado o campito cercano; tres palos torcidos eran nuestras porterías y eso bastaba para ser felices.
​Por eso, el miedo no tuvo espacio. Sin dudarlo, confiamos en lo que somos capaces de hacer y activamos la programación, los proyectos y la logística. El desafío era enorme: algunas canchas estaban en poblados de no más de 100 habitantes, a 250 kilómetros de Monterrey, ocultas entre montañas y desiertos, donde lo único verde a la redonda terminó siendo, precisamente, nuestra cancha.

Semana tras semana el trabajo avanzaba. Entre maquinaria pesada y retos logísticos, el verdadero motor que nos impedía bajar los brazos eran las sonrisas y la felicidad de los niños al ver su nuevo campo. Cada cancha trajo un reto diferente: terrenos duros de nivelar, piedras, arena, lluvia, frío o calor extremo. Pero nada nos frenó. Siempre con la camiseta bien puesta, impregnando cada obra con firma y pasión argentina, y con el corazón mexicano, disfrutando el proceso como cuando éramos niños en el barrio.
​El gran aprendizaje de esto es la confianza. Cuando se presenta una oportunidad, no hay que dudar; hay que salir de la zona de confort con la certeza absoluta de que, si crees en ti mismo y haces las cosas desde el corazón, todo es posible.
​Hoy, a 19 días del silbatazo inicial, la emoción de vivir otro mundial se siente a flor de piel. Nos llena de orgullo saber que fuimos parte de este proceso mundialista en Monterrey, una de las sedes de México. Hoy, ver cada cuadro verde desde el aire nos demuestra que cada día de trabajo duro valió la pena.
​Cada oportunidad que la vida te ponga enfrente, tómala con intensidad. No dejes pasar el momento por temor al tamaño del reto. Torres, viviendas, urbanización y hoy… Canchas de Felicidad. Llevamos la pasión por la construcción en la sangre, y encarar cada nuevo proyecto con una buena gambeta es lo que hace que este partido sea inolvidable. ¡A seguir jugando!»

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