Locales
Realizaron un micro relato en homenaje a «El Negro»
La ciudad de Totoras se vio conmocionada por el fallecimiento de “el negro”, vecino de la ciudad e incansable colaborador del Unión Futbol Club. No faltaron los mensajes en homenaje Daniel Enrique Gómez de parte de la comunidad celeste. Un vecino realizó un micro relato literario para homenajear su vida.
Relato completo:
«En Totoras hay un mito, más bien hay una leyenda, y para ser precisos yo diría que empezó una noche en el bar de «la Marta».
Mejor dicho, fue Manuel Menaglia, el marido, “Medo” para nosotros, quien le dio origen al relato. Dicen que era sábado y previo a las elecciones, los establecimientos gastronómicos tenían que cerrar temprano, y mientras despedía a los policías que invitaban a cerrar, ya con las puertas trabadas empezó a escuchar el rechinar de las copas de cristal como si de un brindis se tratara. Incrédulo al principio atribuyó tal fenómeno al viento, que, aunque por poco y leve que fuese podía llegar a moverlas en el escaparate desde donde colgaban.
Si algo caracteriza a los pueblos, es la velocidad de propagación que tienen los fenómenos sobrenaturales. De tal afirmación, siempre deviene una superior y así hasta que todos se olvidan, aunque éste no sería el caso. La mañana del lunes, el gringo Nicolisi, que era el electricista del pueblo, afirmaba que en diferentes obras en construcción se veía una sombra de gente deambulando, aunque sólo estuviera el en el lugar.
Con bastante menos poder de certeza, los valientes trasnochados, un grupo de individuos entre ellos hombres y mujeres, que más adelante describiré, afirmaban haber escuchado durante su deambular nocturno manifestaciones sonoras provenientes del más allá.
Los valientes trasnochados son lo que podríamos conocer como la barra del pueblo, se caracterizan por disponer de destacados conocimientos en filosofía, economía, deportes, y ciencias de la educación. Afirmo que su capacidad de juicio es de lo más acertada que yo conocí y su poder de síntesis le otorga una maravillosa espectacularidad a cada afirmación. Sus intereses los desconozco, pero sí sé que entre sus aficiones están el compartir extensas jornadas nocturnas entre amigos y que también en sus salidas acostumbran tirar piedras a la luna, hobby que adquirieron sin conocer sus razones, pero que, aun conociendo la imposibilidad de alcanzarla, se contentan con cada día pasarle un poquito más cerca.
Volviendo al tema que nos compete, rápidamente la ola de episodios paranormales acaparó la atención del pueblo, en el Registro Civil de la ciudad las puertas se abrían y se cerraban sin mediar fuerzas terrenales, el almacenero del pueblo afirmaba que su stock de vermouth bajaba considerablemente, aunque este último hecho no necesariamente podía atribuirse a fenómenos provenientes de otros mundos. El conductor matutino de la FM del cable, una emisora radial de música afirmaba que había perdido el control de la consola y que «Jijiji» el afamado tema de los Redondos con frecuencia solía colarse en la lista de reproducción sin que él lo dispusiera.
Rápidamente el caso se instaló en las mesas redondas del bar de la Marta, los valientes trasnochados sin ninguna prueba, pero con absoluta certeza afirmaban con rotunda firmeza «es el NEGRO».
Para quienes no lo conocían, el negro era un personaje popular del pueblo, el tipo querido por todos, ese que transgredía a su generación, se insertaba en la siguiente y así sucesivamente. La vida del negro fue corta, pero intensa, hasta que la madrugada de un miércoles de septiembre dios dispuso que tenía otros planes para él.
Nadie puede dudar de cuanto cariño se le tenía, esa mañana los programas de radio abrían sus editoriales despidiéndose, llegaban mensajes con dedicación de temas, y todos queríamos negar lo ocurrido, lamentablemente, sólo pudimos encontrar la tristeza y el silencio como respuesta. Cuentan que cuando el Nico Corti, presidente del club de Fútbol al que el negro pertenecía pidió al árbitro que pitara un minuto de silencio en su honor, el pueblo entero se quedó callado.
Aun así, afirmarle poderes sobrenaturales era un verdadero desliz.
El negro no era un tipo de hacer muchos milagros, más bien se le conocen dos, y bastante repetitivos, por lo cual podríamos cuestionar su originalidad, dicen que al lado de él nadie podía estar triste, y que a la par suya era imposible ser malo, este último, cuestionado por refutadores que afirmaban encontrar entre sus amigos a varios pecadores, lo cual solo demuestra su ineficacia pero para nada cuestiona su idoneidad, y aunque la comisión examinadora de milagros de la parroquia del pueblo los investigó con nivel de detalle, nunca los pudo certificar.
Según comentan los valientes trasnochados del bar de la Marta, hay una banqueta en la que nadie se puede sentar. A pesar de reiterados intentos de querer ocuparla, nunca nadie la pudo volver a usar. La flaca Forastieri decía que un extraño mareo te invadía cuando te acercabas.
Los de la vieja barra dicen que cuando se sentaban sobre ella inmediatamente caían al suelo. Los más intrépidos e insistidores, que coinciden con los de las nuevas generaciones de la barra futbolera afirman que después de varios intentos, muchos de ellos viajaron sin poder afirmar con exactitud la manera, hasta aparecer en los patios de tierra de Santiago del Estero, incluso Carola Fattori contaba que se amaneció saltando en algún pogo rockero de otra provincia después de intentarlo.
Como toda historia, aparecen relatos de pasiones y desamores, una madrugada, Jorgito Maringa me contó que en Totoras, la luna se negaba a salir después de la muerte del negro, el pueblo entero se había quedado a oscuras por haber perdido la luz que provenía de nuestro satélite natural. Argumentaba que ya no tenia sentido la noche si no tenía con quien compartirla. Unos meses después, hubo 28 noches seguidas de luna llena. Dicen que fueron los valientes trasnochados los que la convencieron que volviera a salir, aunque para mí, sin restarles el mérito de insistir, se convenció que del mismo dolor podía nacer una nueva forma de brillar.
No sabemos si son fuerzas extra terrenales las que operan, o simplemente es la negación, la manera que encontramos de vivir en Totoras sin nuestro querido negro entre nosotros, quizás es el sueño del eterno retorno el que estimula la fantasía de una posible vuelta, aunque tristemente sabemos que si la muerte carece de algo, es de arrepentimiento.
La leyenda se hizo cada vez más grande, dicen que el alma del negro pernocta por los diferentes bares de la ciudad, repartiendo lo que cada trasnochado necesita, para los que sufren de angustia, felicidad, para los que sufren de insomnio existencial, sueños por cumplir, y para los valientes trasnochados de la mesa redonda que sufren su ausencia, un motivo para brindar.»
Micro relato de Emiliano Francia.
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